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II
Congreso Internacional de Medicamentos Huérfanos y Enfermedades
Raras Del 18 al 21 de Febrero de 2004 |
MESA VII: NECESIDADES Y PROPUESTAS DE LOS
PACIENTES (II). TESTIMONIOS.
La vida, escondite de las cualidades Cuentan que una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades en un cierto lugar. Cuando el aburrimiento ya había reclamado por tercera vez, la locura, evidentemente desquiciada, les propuso: ¿Jugamos al escondite? ¿Cómo se juega a esto? Es un juego sencillo, explicó la locura, en que cierro los ojos y comienzo a contar de uno a cien mientras os escondéis y a quién encuentre ocupará mi lugar. El entusiasmo bailó seguido por la euforia. La alegría dio tantos saltos que acabó por convencer a la duda y a la propia apatía, que nunca se interesaba por nada. Pero no todos querían participar. La verdad prefirió no esconderse... ¿para qué? ¡Sí al final todos la encontraban! La soberbia opinó que era un juego muy tonto (le molestaba que la idea no fuera propia) y la cobardía, como siempre, prefirió no arriesgarse. Uno, dos, tres,... comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la prisa que por su prisa, cayó con la primera piedra del camino. La fe subió al cielo y la envidia se refugió detrás de la sombra del triunfo, que con mucho esfuerzo había conseguido trepar a la copa del árbol más alto... La generosidad casi no consigue esconderse, cada lugar le parecía estupendo, y lo cedía a algún amigo: si era un lago cristalino, ideal para la belleza; si era la copa de un árbol, para la timidez; el vuelo de una mariposa, lo mejor para la sensualidad; una ráfaga de viento para la libertad y así acabó bajo un rayo de sol. El egoísmo, al contrario, encontró un lugar excelente desde el principio: ventilado, cómodo, pero sólo para él. La mentira se escondió en el fondo del océano (mentira, en realidad se escondió dentro del arco iris) y la pasión y el deseo en el cráter de un volcán. El olvido no recuerdo dónde se escondió, pero eso no es muy importante. Cuando la locura estaba terminando la cuenta, el amor todavía no había encontrado unlugar para hacerlo, pues todos estaban ocupados, hasta que encontró un rosal y, cariñosamente entre las flores se escondió. La locura comenzó la búsqueda. La primera en aparecer fue la prisa a tres pasos de la locura. Después se escuchó a la fe discutir con Dios en el cielo, sobre dogmas. Se sintió vibrar a la pasión y el deseo en el volcán. En un descuido, se encuentra a la envidia y, claro, también al triunfo. Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, el solo salió de su escondite que en realidad era un nido de avispas. De tanto caminar, sintió sed y al aproximarse al lago descubrió a la belleza. La duda fue más fácil, aún, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir dónde esconderse. Y así fue encontrando a todos. Al talento en la hierba fresca, a la angustia en una cueva oscura, a la mentira detrás del arco iris (en verdad estaba en el fondo del océano) y hasta el olvido que había olvidado que estaba jugando al escondite. El amor no aparecía. La locura buscó detrás de cada rincón. Cuando estaba a punto de darse por vencida, encontró el rosal, empezó a mover las ramas, y en ese instante escuchó un grito de dolor. Las espinas del rosal habían herido al amor en los ojos, cegándolo. La locura no sabía que hacer para disculparse. Lloró, rezó, imploró, pidió perdón y prometió ser su guía. Desde entonces, desde esa primera vez que jugaron al escondite en la tierra, en el mundo de los mortales, el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña. |